Paulina Rubio, al rojo vivo
Escrito el Lunes, 1 Octubre, 2007
Según Paulo Coelho el amor puede demorar 11 minutos. Para Paulina Rubio, el amor puede durar una hora veinte. Eso es lo que recibieron anoche los 2.500 cordobeses que, envalentonados por el veranito del fin de semana, derrocharon horas de sueño del domingo para bailar en el Orfeo.

Como en un flash, la mejicana demostró con efectividad e impecable puesta en escena porqué vende millones de discos en Latinoamérica y el mundo - y en esto sí se parece a Coelho- sin tener la voz más valorada del catálogo latino.
Pasaban segundos apenas después de las 22 cuando el telón con la cara de Paulina cayó al suelo y la silueta en juego de sombras se dejó ver, cantando Ni una sola palabra . Si arrancaba con el hit del momento ¿qué quedaría para después? Eso mismo, una fila pareja de canciones de plano radiales y energizantes, que hablan del amor, el deseo, la revancha y de chicas fuertes que rompen esquemas, como Paulina. “¡Qué vivan las mujeres!”, diría la rubia cerca del final.
Todo su amor. El saludo a la platea llegó con Todo mi amor , y junto a ella la primera intervención de un bailarín elástico y ondulante que le transfirió a la diva un sombrero negro, camisa y blazer. Así, masculina y provocativa, bramó Yo no soy esa mujer . Siguieron Algo tienes , y el mix de Fui hecho para amarte, I was made for loving you (de Kiss) y una performance híper sensual con los cuatro bailarines rodando sobre las tablas del Orfeo.

Los que esperaban a la audaz rubia que se dio vuelta sin pudor y mostró su mejor lado B en los premios MTV de hace dos años, tuvieron que conformarse con el espectáculo vertiginoso de sus piernas al aire (y nada más). La “chica dorada” tuvo cinco cambios de vestuario en los que fue de un mínimo vestido marrón con flecos y culote dorado, a un conjunto de short y remera blancos, pasando por un tutú negro y botas más arriba de las rodillas; una pollera con aires flamencos; un catsuit corto de lentejuelas plateadas, y anteojos envolventes, entre otros detalles.

El aire y las imágenes de la pantalla gigante se tornaron marinos cuando los guitarristas se acomodaron en taburetes y cambiaron las eléctricas por españolas. Un fragmento de Al jardín de la república conmovió a la platea, dando paso a No te cambio y Sexy dance , que Paulina interpretó perfumando el aire (como diría la zamba) con su falda larga de volados fucsias. Pero lo mejor todavía no había llegado.
Tequilazo. Al grito de “¿Les gusta el tequila?”, la cantante repartió shots entre los músicos y algunos fanáticos, antes de cantar esa catarsis personal que es Dame otro tequila . Luego vino Perros , donde a fuerza de caderas móviles enseñó a “perrear” desde el escenario. La siguiente consigna al público fue agitar sus celulares en la oscuridad: “Invito a todos los que tengan celulares, corazón, historias…”, dijo la cantante, y dibujó con su voz las frases de Ayúdame , un tema de Coty Sorokin.

Con Nada puede cambiarme y una lluvia de papel picado vino el adiós. La costumbre de los bises fue el espacio perfecto para el lucimiento vocal y atlético de una Paulina que recorrió a zancadas el escenario completo. Sólo acompañada por guitarras acústicas cantó Casanova , la ranchera El último adiós, Nada fue un error, Te quise tanto , y Yo sigo aquí . El frenético sacudón pop flotaba todavía en el aire cuando las luces se encendieron para salir. Un amor de 80 minutos no se olvida tan rápido.

Via: La Voz del Interior










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El Jueves, 13 Diciembre, 2007 Gerardo dijo
inche vieja la verdad se cree re buena,no la soporto a mime gusta Belinda tienen algo?