Se nos dio. No se podía escapar. Era la única competencia olímpica en la que teníamos una responsabilidad y la supimos sobrellevar.
Después del partidazo contra Brasil, no podíamos quedarnos con la plata. En frente estaba Nigeria que como todo equipo africano genera dudas, porque siempre están, porque son fuertes y porque año a año mejoran sus individualidades y su juego colectivo.
La verdad que el partido no fue bueno, pero se ganó, que es lo que importa en una final. Ninguno de los dos equipos generó grandes jugadas, pero Argentina fue un claro dominador. Con algo de Messi y algunas cosas de Agüero al combinado blanquiceleste le alcanzó para tener a los africanos preocupados.
El segundo tiempo comenzó igual, con dominio de Argentina y algunas llegadas nigerianas al arco que defendía Romero. Una buena jugada de Messi que terminó con un potente disparo al arco era la más clara hasta que llego la jugada del partido. Pase de Lionel para Di María en ¾ de la cancha y el ex Rosario que corrió como si no hubiese estado jugando bajo una temperatura de 32º. Di María encaró al arquero y cuando este le salió, se la pico por arriba y salió a festejar seguro de que esa pincelada era el gol de la victoria. Un verdadero golazo!.
Después Argentina aguanto el tímido ataque de los nigerianos, teniendo la pelota, haciéndola circular y gastando tiempo en cada jugada que podían. Los africanos pese a sus intentos, no tenían ideas y cada arranque era neutralizado por Gago, Mascherano y compañía. Luego de los eternos 6 minutos adicionales el árbitro pitó y Argentina festejo.
Segunda medalla dorada consecutiva, 14 partidos invictos, 25 goles a favor y 3 en contra. No es poco, por eso hay que festejar, somos potencia en el fútbol, quedó demostrado.





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